Cronología de las tareas en el campo: el calendario de la Montaña Palentina

Hoy vamos a conocer el “calendario” que seguían nuestros antepasados en relación a las tareas que se realizaban en los pueblos; no sé cuál es la edad que tienes en el momento de leer esta entrada, pero si son más de 50 años te van a resultar familiares muchas de las actividades que expondré. Si te paras a pensar un momento, la forma de vida en la Montaña Palentina ha cambiado radicalmente en los últimos 50 años, pero apenas sufrió variaciones en los 2 siglos anteriores; la vida se desarrollaba de forma pausada, cíclica y sin grandes cambios, siguiendo un patrón de actividades ajustado a lo que la propia naturaleza demandaba. Justamente eso es lo que intentaré transmitirte hoy.

¿Por dónde empezamos? Te propongo que como vamos a analizar un ciclo anual, da lo mismo el mes que marque el punto de inicio de nuestra peculiar “ruta temporal”; por lo tanto, y como intento hacer el recorrido temporal lo más didáctico posible, comenzaremos con el mes de …..justamente, enero!!!!. Es decir, vamos a ir pasando páginas al año natural.

Los meses de enero y febrero son por esta zona fríos…bueno, más que fríos!!! El invierno se caracteriza por unas temperaturas muy severas y por grandes nevadas, aunque todo el mundo con edad suficiente para ratificarlo admite que ni de lejos son como las de antes. Los primeros meses del año disminuía enormemente la actividad, puesto que las condiciones climatológicas obligaban a guarecerse en las viviendas; era esta la época en que se fabricaban o se reparaban los útiles de que disponían los habitantes de la zona: las albarcas, los aperos de labranza, las herramientas para trabajar la madera, las pieles, el hierro, etc. También se aprovechaban estos días de recogimiento “forzoso” para hilar el lino y la lana con el que posteriormente se confeccionaban prendas para protegerse del frío. Hace tiempo ya dediqué una entrada al magnífico Museo de Piedad Isla, donde puedes hacerte una idea de la enorme variedad de objetos y herramientas que existían en las casas de nuestros abuelos.

Al acercarse ya la primavera, avanzado el mes de marzo, se preparaba la tierra para la siembra de los cereales que se cultivaban en la zona (más escasos cuanto más al norte, por lo escarpado del terreno).

A lo largo de abril y mayo se sembraba la patata, y se dedicaban las horas de sol y luz cada vez mayores a reparar las viviendas y a lo que en esta zona se conoce la “huebra”: son aquellos trabajos que realizaba la comunidad de vecinos del pueblo, entre los que cabe citar el arreglo de los caminos, la construcción y reparación de chozos, el mantenimiento en buen estado de los cercados, etc.

Con la llegada del mejor tiempo y los días más largos, a principios de julio, comenzaba una de las tareas que más días ocupaba: la siega de la hierba; por aquel entonces se hacía a dalle (por si no lo conoces, es una herramienta de características similares a la guadaña). Su utilización exigía mucha destreza y fuerza, por lo que era un trabajo que correspondía exclusivamente a los hombres. Una vez cortada, la hierba era trasladada a los pajares, donde se almacenaba hasta el inverno, que era cuando serviría de alimento al ganado estabulado.

Siega a dalle photo credit: CGPardillos via photopin cc

Siega a dalle
photo credit: CGPardillos via photopin cc

A principios de agosto se realizaba la recogida de los cereales (trigo y centeno, básicamente), en este caso por medio de la hoz. Inmediatamente después se trasladaban las gavillas de espigas a las eras, donde se separaba el grano de la paja; la trilla, la bielda y el cribado eran las actividades que lo hacían posible.

Al ir finalizando el verano, en septiembre, se recogían algunas leguminosas (garbanzos); pero además se realizaba una tarea denominada “hacer hoja”, que consistía en cortar y almacenar las ramas jóvenes de los robles, cuyas hojas se utilizaban como alimento de ciertos animales en invierno (cabras). Esta actividad tenía un efecto muy positivo en el bosque, puesto que regeneraba los árboles y hacía que crecieran con mayor fuerza después.

Avanzaba el otoño y en pleno mes de octubre tenía lugar la recolección de la patata, bastante abundante en ciertas zonas de la Montaña Palentina. También se daba una primera “reja” (preparación del terreno para ser cultivado), se sembraban los cereales como el centeno y se abonaban los prados, antes de que no fueran transitables por las lluvias o la nieve. La última tarea del mes sería el corte de la leña en el monte comunal, mediante la adjudicación a cada vecino de lo que aquí se llaman “suertes”; serviría de combustible para calentar las viviendas durante el duro invierno que estaba a punto de comenzar, además de mantener sano el bosque al eliminar del mismo los árboles enfermos, secos o rotos y reducir el riesgo natural de incendios.

Suerte de leña (La Pernía)

Suerte de leña (La Pernía)

Entramos en noviembre, mes que producía un especial “desasosiego” en ciertos animales: los cerdos, llamados en esta zona, “chones”. Efectivamente: es el tiempo de la matanza, que servía a cada familia para abastecerse de carne, embutidos y manteca para buena parte del año.

Como habrás detectado, el ciclo se repetía año tras año, y el patrón que regía cada labor a realizar no era otro que el ritmo de las estaciones y de la propia Naturaleza.

Quisiera para concluir, mencionar un libro estupendo donde se relatan diversos aspectos de la vida en una zona concreta de la Montaña Palentina: La Pernía (mi segunda casa…). Aborda temas tan variados como la fauna y la flora, su historia, su clima tan peculiar, sus costumbres, etc.; en él he encontrado la información para escribir este breve artículo, por lo que pienso que es de obligado cumplimiento hacer mención al mismo: “Breve crónica de la Hermandad de los doze lugares que se titulan EL CONDADO DE PERNÍA”, de Laurentino Ruesga Herreros. 100% recomendable!!

Sigue tu norte!!!

2 pensamientos en “Cronología de las tareas en el campo: el calendario de la Montaña Palentina

  1. Mª Ángeles Barón Marcos

    ¡Qué despacio se vivía antes! Las gentes del campo trabajaban un montóny las condiciones eran muy duras en la montaña. Prometo leer el libro que mencionas.Saludazo.

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    1. César Autor

      La verdad es que ese libro está muy curioso; me llamó la atención porque su temática se centraba en La Pernía, pero independientemente de la zona concreta que describe es muy recomendable.
      Hasta pronto!

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